Shakira en Guayaquil: ¡El Dorado World Tour llegó a Ecuador!

Y finalmente llegó la noche de la presentación de Shakira en Guayaquil. La gira de El Dorado World Tour aterrizaba en Ecuador — y lo hacía, por cierto, con ciertos caprichos de la barranquillera, un avión cargado de todos los útiles que habían de usarse en el concierto y un séquito de 120 personas, colaboradores de «la sensación dorada» en los diferentes aspectos de los que se compone su espectáculo. En la presentación de Shakira en Guayaquil hubo de todo: música, baile, visuales, pirotecnia… Lo único que la colombiana no trajo consigo fue precisamente eso, lo que más esperábamos ver: espectáculo.

Shakira en Guayaquil y el espectáculo que no fue tal

Podéis matarme, buscarme para pegarme una golpiza o ambas sin importar el orden. Me van a perdonar las fanáticas de la cantante, pero el concierto que ayer 1 de noviembre dio Shakira en Guayaquil — en el estadio Alberto Spencer, por cierto — no fue, para nada, espectacular. Caían las 5 de la tarde cuando el equipo Andariega formado por Món Mont y una servidora aterrizaban en la localidad que habríamos de ocupar hasta el final del mismo. No, no os podemos contar que estábamos en primera fila porque sería mentiros. Tomamos una modesta localidad de preferencia en la que nos encontrábamos rodeadas de otros cientos de mujeres. Los hombres eran pocos y los que llegaban lo hacían con cara de pocos amigos. No sé si es que presagiaban lo que iba a ocurrir o que simplemente el calor de la jornada guayaca les traía a los varones por la calle de la amargura. Sea como fuere, eso es irrelevante.

Shakira en Guayaquil: ¿Quién organiza estos conciertos?

La organización de los conciertos, como siempre, un desastre; lo más llamativo: la prohibición hecha explícita por los agentes de seguridad de la organización al respecto del tabaco, que entró en conflicto con el permiso dado por la policía nacional presente en el evento.

Señores organizadores: ¿Cómo es esto de que sí me puedo alcoholizar hasta que los ojos se me vuelvan del revés pero no tengo posibilidad, en un estadio al aire libre, de ir a ninguna zona en donde poder echarme un pitillo? ¡Es ridículo!

Bueno, punto y aparte al tema de la organización, la telonera salió más o menos puntual a eso de las 8 de la tarde. Vomitó con prisas un repertorio de covers de canciones entre las que no destacó absolutamente nada. Me pregunto para qué hacen estos actos de presentación. Hay muy pocas ocasiones en las que el telonero se gana el respeto del público, ya que éste suele estar esperando al artista principal con entusiasmo, devoción… y desesperación. Hay que tener muchas agallas para salir ahí cuando sabes que nadie vino a verte y hay unos pocos de casos — muy pocos — en los que el telonero consigue animar el cotarro, menos aún en las que brilla con brillo propio y aún menos — aunque de estos conciertos ni siquiera mejor hablar — en los que se convierte en el acto más interesante del concierto que has ido a ver.

La salida al escenario de Shakira en Guayaquil

Y dieron las 9 de la noche. Corría la brisa del estero entre los asistentes al concierto de Shakira en Guayaquil. Y Shakira no salía. No lo hizo, de hecho, hasta las 21.13 horas, en la que comenzó anunciando Aquí Estoy antes de saltar al escenario entre una suerte de fuegos artificiales, lluvia de confetti y las primeras luces estroboscópicas.

La salida al escenario de Shakira en Guayaquil fue probablemente el segundo de los dos únicos momentos verdaderamente emocionantes del concierto. El otro llegaría un poco después, cuando la cantante colombiana tomó en las manos una guitarra eléctrica para deleitarnos con su verdaderamente clásico Inevitable. Entre esa primera Aquí Estoy y esa última Inevitable estuvo lo mejor del concierto: la salida, los saludos, los gritos iniciales de la «fanaticada respetable» y un par de canciones en las que consiguió conectar con los que a la postre acabaríamos convertidos en «el público más exigente». Público al que, como a mí, nos sorprendió un sinnúmero de carencias que pasaron a tomar pronto protagonismo en la presentación de Shakira en Guayaquil.

Shakira en Guayaquil: carencias de un concierto que se prometía épico

Una amiga me preguntó a la salida que qué me había parecido.

— De todo menos épico — le dije.

Y es que yo me esperaba algo épico. Verdaderamente épico. Supongo que, como en todo, las expectativas juegan un gran papel y en este caso no fue menos, pero… ¿qué habríais esperado vosotros de una de las cantantes más exitosas y afamadas de la escena mainstream? Pues yo esperaba fuegos artificiales… pero de una naturaleza completamente distinta a las cuatro camaretas y media que se prendieron durante el concierto. Y no fue lo único que me quedé esperando y no fue lo único que me sorprendió negativamente. Así que, a riesgo de causar furioso furor entre las fanáticas y los fanáticos de la colombiana, me dispongo a enumerar todo aquello que no hizo que el concierto que dio Shakira en Guayaquil fuese sinónimo de espectáculo.

#ShakiraGuayaquil: a medio camino entre el playback y el karaoke

Sí, amigas. Yo no me lo quería creer. No le dije nada a Món Mont porque pensé que la ofendería o que le aguaría la fiesta. Traté de convencerme a mí misma de que eran alucinaciones mías y que era imposible que alguien del portento vocal de Shakira estuviera haciendo playback… Menos mal que fue Món Mont la que, ya a la salida del concierto me dijo:

— ¿Te has dado cuenta de que hacía playback la mayor parte del tiempo?

Y sentí el alivio de no tener que ser la que hablara del elefante rosa en la habitación.

Ciertamente, quise entender en un inicio la asincronía de sus labios respecto a la letra de cada tema que estaba cantando como latencia entre las cámaras que ponían su imagen en los grandes monitores a ambos lados del escenario y dichos monitores. Quiero decir, sé que no puede ser tanta la latencia en un circuito cerrado de televisión, pero… bueno, quería mantener la fe, lo que fue imposible cada vez que Shakira se acercaba a un tecladito a tocar alguna melodía y la cámara le enfocaba a la cara, cara cuyos labios llegaban con segundos de retraso a versos que — como muchos otros — casi no parecía ni interesada en cantar.

#ShakiraGuayaquil: el concierto evoluciona

De tal modo, el concierto de Shakira en Guayaquil fue evolucionando — y más aun a medida que pasaban los minutos — hacia una suerte de karaoke multitudinario en el que la de Barranquilla tuvo más tiempo el micro sujetado en dirección hacia el público que en dirección hacia sí misma. Público que, por otra parte, estaba compuesto en su mayoría por adolescentes y jóvenes féminas quienes sólo se sabían a la perfección las canciones más bailables y reggaetoneras que Shakira ha estrenado recientemente en dúo con otros «grandes artistas del momento» y que para el respetable se convirtieron en los momentos cumbre del concierto de Shakira en Guayaquil. Y eso es otro tema: ¿Canciones en directo interpretadas en vídeo?

#ShakiraGuayaquil: dúos en vídeo

Como había sido la norma durante la gira de El Dorado World Tour, Shakira esgrimió unas cuantas actuaciones «a dúo» con la voz precocinada de Alejandro Sanz, Carlos Vives, Maluma, Nicky Jam y Rihanna, quienes hicieron escuetas apariciones en las pantallas que rodeaban a la barranquillera.

Por supuesto, sería estúpido considerar que los citados «grandes artistas del momento» iban a darse cita con Shakira en el escenario. Quizás, con un poco de suerte, el Pretty Boy de turno hará alguna aparición sobre el escenario en la última de las etapas de El Dorado World Tour, pero… ¿por qué no buscar otra forma de interpretar esas canciones? ¿Por qué no tomar canciones de una amplísima discografía que no requieren la aparición en diferido de artistas?

La respuesta, como ya he comentado, estaba en el público: niñas adolescentes — y algunos niños también — que no recuerdan que Shakira una vez tuvo estilo propio, que una vez fue original, independiente, de alguna manera innovadora, que prefirió elegir la música al marketing, que le importaba más su voz, sus sentimientos y sus canciones que los repetitivos movimientos de nalgas y caderas a los que ahora se ha visto obligada — o al menos eso quiero pensar yo — a recurrir con insistencia precisamente por el daño que ha hecho a su capacidad artística las tendencias del mercado musical y su ya ajado cañón vocal…

#ShakiraGuayaquil: voz ajada, mucho sexo, poca interactividad

Así, Shakira en Guayaquil propuso un concierto que nos dejó a las más melómanas al borde de la decepción. Quiero decir, no es que no disfrutara; es sólo que disfruté de una manera completamente ajena a lo que una podría haber esperado de un concierto de la que muchos consideran la diosa actual de la canción latina.

Su voz, recuperada tras una farragosa operación, ya no es lo que era antes de dicha cirugía; en lugar de vender sentimiento — lo que, a lo sumo, hizo durante la íntima interpretación de Antología — vendió sexo continuamente gimiendo al público de manera constante, sosteniéndose los senos en algo que quiso hacer resemblar a una danza árabe y, sobre todo, moviendo sus caderas de perfil al ritmo del beat del bombo que le proporcionaba Brendan Buckley, su baterista.

Y para acabar este bloque de críticas, la interactividad que proporcionó al público fue exigua por decir alguna, ya que salvo el comienzo de la canción Chantaje y los típicos gritos de «Arriba Ecuador» y «Arriba Guayaquil», la colombiana se limitó a pasearse por el escenario de una esquina a otra esgrimiendo sus canciones de una forma que, además, podría etiquetarse de express: su tema Me enamoré, por ejemplo, lo resolvió en menos de 2 minutos; y esto es sólo un ejemplo, pues ninguna de las canciones de su repertorio tuvo más brillo que el que se puede escuchar reproduciendo sus canciones en Spotify.

¿El Dorado World Tour realmente necesita una banda?

Vale, puede que no haya sido el de Shakira en Guayaquil el mejor concierto en la historia de los conciertos ni tampoco el mejor concierto que Shakira ha dado en su vida. Sí, la industria musical hace esto hasta con los mejores artistas a no ser que hayas nacido en otra generación y tu genio musical se base, precisamente, en la entereza y en la integridad de no alejarte nunca de la fórmula que inicialmente te hizo triunfar. Hablamos de otras épocas en las que un artista valía tanto por lo que decía sobre el escenario como por lo que decía una vez se bajaba de él.

Pero esto ya no es el siglo XX. Es el siglo XXI y lo que vende ahora son los vestiditos escotados, los pantalones ceñidos, las cabelleras rubias… y que las canciones inviten continuamente a tener sexo a unas audiencias que, en cambio, cada día parecen más sexualmente reprimidas… Pero, ¿¡y la música!?

Música en directo: la única y verdadera razón por la que ir a un concierto

La única verdadera razón por la que tiene algo de sentido gastarse un dineral, un montón de esfuerzo y de tiempo en ver el concierto de alguien es por una sencilla razón: la música en directo. La música en directo, por pequeño que sea el grupo y pequeña la presentación, cuando es buena, crea una sinergia inigualable. Cuando un concierto te lleva al éxtasis, lo hace a través de la música: te da igual si el artista es guapo o feo, si tiene mucho que decir con sus letras o si son letras vacuas y superficiales, si hay fuegos artificiales o ni siquiera un par de focos potentes que apunten al centro del escenario… ¡Da igual! Porque lo que verdaderamente te transporta al éxtasis es la música.

La música celestial, divina e inspiradora. Ese conjunto de sonidos con diferentes afinaciones y en diferentes cadencias a la que llamamos música. Y cuando la música en directo es buena, todo lo demás vale carpeta.

#ShakiraGuayaquil: demasiado de todo menos de música.

Así pues, por encima de cualesquiera críticas puedan y quieran hacerse al espectáculo de Shakira en Guayaquil, creo que la más flagrante que se podría hacer es la de la falta de una buena música en directo, algún momento musical que brillara con luz propia en la amalgama de música pregrabada, de excesivos sampleos y de movimientos de caderas de la de Baranquilla. Tanto así que la pregunta que titulaba el fragmento anterior podemos trasladársela a la propia Shakira.

— Shakira: para un espectáculo así, ¿realmente te hacía falta una banda?

Cuando una tiene una banda de la calidad de la que se supone que ha de llevar una artista de la magnitud de Shakira, una espera un solo de guitarra interminable, rolls de batería que te dejan con la boca abierta, el corazón al galope y la entrepierna hecha un charco, la rítmica presente de un bajo que no descansa y que nada tiene que ver con lo que uno ha escuchado en el CD, teclados celestiales que superan al órgano de cualquier catedral… ¡Etcétera! Una presentación, al menos, de la banda que se lleve más de 30 segundos — que fue lo que se llevó la presentación de la banda que Shakira en Guayaquil nos brindó ayer. ¡Algo!

En su lugar, Shakira nos ofreció un montón de visuales que de vez en cuando eran novedosas y de vez en cuando eran sólo eso, visuales del tipo de la que se muestran en cualquier macroconcierto al uso para aquellas personas que, como Món Mont y como yo, tuvimos que ver el concierto desde la zona de preferencia, a aproximadamente 300 o 400 metros de donde Shakira trataba de esmerarse — sin conseguirlo con creces — en levantar a un público prejuvenil que apenas era capaz de recordar que Shakira, antes de verse en la obligación de formar equipo con «grandes artistas del momento» como Nicky Jam o Maluma, era la sensación latinoamericana de la buena música latinoamericana.

#ShakiraGuayaquil: conclusión e invitación

Así pues, mi invitación desde aquí, querida Shakira, a que descanses y te replantees qué es lo que vas a hacer con tu carrera y con tus próximos conciertos. No creo ya que sea una cuestión de plata, así que tenlo en cuenta, siéntate y decide si no quieres ofrecernos más de lo que hace más de una década te encumbró; ese estilo artístico y vocal personal que convirtieron a una entonces chica como yo en algo más que una fanática de tu música: una amante de tu arte.

Atentamente,

Dana Kovacs.