Lugares favoritos para sexo (I)

Guía para valientes: mis sitios favoritos (y soñados) para tener sexo (1 de 2)

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Guía para valientes

Mis sitios favoritos (y soñados) para tener sexo (1 de 2) 

¿Cuáles son vuestros lugares favoritos para tener sexo? ¿Y aquellos con los que fantaseáis? El otro día me vi envuelta en una conversación al respecto con algunas amigas. Todo empezó así:

— ¿Y a vosotras qué os gusta que os digan en la cama?

Una de las preguntadas respondió con aquel típico tópico…:

— Cosas sucias.

— Ya estamos con lo mismo de siempre… ¿No puedes ser un poco más específica? — le respondió una tercera.

Y entonces me miraron a mí, que estaba muy calladita y muy concentrada en mi café, y cuando el silencio producido me saco de mi ensimismamiento cafetero, las miré una a una antes de decir:

— ¿Por qué será que siempre que os referís al sexo os referís a la cama?

Hicieron todas muecas de desencanto y continuaron con su debate visiblemente exaltadas. Cuando el café me hubo despertado, intercedí para poner mi granito de arena, aunque lo que se dijo será algo que os cuente otro día.

En casa

Hoy quiero contaros de cuando llegué a casa, no mucho más de hora y media más tarde, con la idea dándome vueltas en la cabeza. «¿Por qué será que siempre que os referís al sexo os referís a la cama?». Y lancé mis cosas sobre la mía. Caminé por las habitaciones vacías. Sí, sexo en cada rincón de casa. Nada nuevo. El escritorio del estudio, el suelo del vestidor, la ducha del baño del pasillo, la tina del otro baño, frente al espejo, sobre el retrete… el suelo del salón, la encimera de la cocina y, por supuesto, los sofás; hasta de «picnic doméstico» en el suelo del salón. La lavadora… ya no vibran como las de antes de todos modos. ¡La terraza! Pues mira, sí, no te voy a decir que alguno no ha caído, de noche y tratando de no armar mucho ruido.

Más vale prevenir que lamentar

¿En el trabajo? Pues sí. Hay veces que es imposible resistirse a compañero — o compañera — en el lugar de trabajo. Ya, ya lo sé. Quizá no la mejor idea de vez en cuando, pero, ¡ey!, la que esté libre de pecado que pase comprando las primeras bielas. A veces es muy difícil resistirse. Además, ¿las horas extras no se inventaron para eso? Yo pensé que sí. ¿Y esa tendencia a incorporar duchas en las oficinas? Es casi como si te lo pidieran a gritos. Bueno, gritos no puede haber. Incluso cuando se supone que no debería haber nadie en la oficina. Más vale prevenir que lamentar: regla de oro, chicas.  No vaya a ser que entre cualquiera y, zasca, profesionalismo al carajo, entre otras cosas. Eso sí, no esperéis nada épico; los polvos laborales son los de quitarte el calentón. Si te has imaginado algo en plan «9 semanas y media» sobre la mesa del gerente… eh, replantéatelo. Y cuidado, ¡mucho cuidado!, si hay cámaras de seguridad. Por eso es que decía que las duchas son una buena opción si es que las hay, el baño en su defecto… pero incluso si crees que no las hay, ¡ten cuidado! ¿Regla de oro? Sí, exactamente.

Y hablando de acallar gritos y de encuentros express… ¿Qué tal una biblioteca? En mi facultad teníamos algo de suerte a ese respecto: había una cuartito al final de un pasillo entre estanterías, que era en el que estaba la fotocopiadora, y una puerta que se podía cerrar desde dentro. Pero ahí sí que, cuanto menos, estaba el bibliotecario, que en cualquier momento podía golpear a la puerta. Una amiga, tu exnovio, la examina que sale con tu exnovio… Fuera quien fuese, lo cierto es que, si al salir había alguien en el pasillo, no había más remedio que cruzarte con él. Subirse a la fotocopiadora como en las películas no pasaba. Aquel trasto no habría aguantado de pie si alguien lo hubiera hecho y a saber qué habría pasado si alguien la hubiera roto… de aquella manera… En fin, más vale prevenir que lamentar. Corrían, eso sí, leyendas de estudiantes — y no tan estudiantes — que no podían esperar llegar hasta el cuartito… o quienes se lo encontraban ya ocupado y tomaban una medida ligeramente más pública…

El transporte

Los baños siempre son socorridos. Tanto en bares como en estaciones o aeropuertos. Las largas escalas que a veces hay que hacer en los últimos pueden hacerse increíblemente amenas si se viaja en la compañía adecuada. O si se encuentra de camino por uno de ellos. Ahora hay unas aplicaciones muy chulas que sirven a ese propósito, y muchos aeropuertos son tan grandes como algunas ciudades pequeñas así que… ¿por qué no probar suerte? Y hay pocos lugares relativamente más seguros que un aeropuerto en estos días para tener una primera cita con alguien sacado de una app… Y hablando de aeropuertos, ¿qué tal hacerlo en un avión? Ahí sí que no he probado nunca. Me imagino que ha de ser fantástico. ¿Y si el avión atraviesa turbulencias? ¿Sería bueno o no lo sería tanto?

En autobuses sí. Hay veces que tomas rutas a ciertas horas, con ciertas intenciones y en ciertas compañías que… que se junta juntan el hambre con las ganas de comer, vamos. Y que no sólo es que hay momentos en los que no hay más ganas de esperar, sino que, admitámoslo, eso de jugar en cancha ajena, en diferentes estadios… como que tiene algo. Quizá no sea tanto que te vean como que pudieran pillarte haciéndolo… no sé. Supongo que es una mezcla de todo ello. Es difícil explicar, pero la lista sigue.

Cosas que pasan o pueden pasar

En coches también, claro. Habiendo compañía en los asientos de delante y haciéndonos los dormidos en los asientos de atrás. Y alguna que otra vez debo admitir que incluso imprudentemente. Una se cree invulnerable en ciertos momentos y hace cosas que con los años se miran con otros ojos. Tener sexo con el conductor de un vehículo puede llegar a no ser la mejor idea si se piensa fríamente. Obvio que la temperatura es, precisamente, lo que verdaderamente complica la cosa en estos casos, claro está, pero repito: cosas que pasan o pueden pasar.

¡Ja! ¡Un fotomatón! Habrá quien se acuerde de ellos. Estas cabinas que había para hacerse las fotos de los documentos. Tomaban fotos horribles que acaban dando problemas de todas clases a la hora de querer adjuntarlas a cualquier tipo de documento… pero como recuerdos hacían mucha ilusión. Se solían cerrar con una cortina gris y mustia — que, mirando en retrospectiva, bien habría de habérsela tratado con guantes y que generalmente no cubría sino hasta donde una había de sentarse… Y si queríais, por supuesto, estaba el premio de las fotos. Aunque claro, en ese caso era realmente importante NO OLVIDARSE DE LAS FOTOS si es que al final decidíais tomároslas. Ya sabéis: cosas que pasan o pueden pasar.

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María Isabel Cisneros

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Dana K.

Dana K.

Creedme cuando os digo que desde luego soy una Andariega... pero quizás no del tipo que esperaríais... Qué suspense, ¿verdad? Llamadlo «crisis de alguna edad»... En fin, ¿queréis saber más de mí? Yo también, la verdad; y es que estoy empezando a conocerme. ¿Me acompañáis en la aventura?

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