Solidaridad-femenina

¿La solidaridad femenina existe?

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Nosotras las mujeres hemos dedicado mucho tiempo hablar del empoderamiento y de la independencia femenina, lo que es perfecto porque ha ayudado y sigue ayudando a nuestro género, todo ello a fin de exigir respeto y de darnos cuenta de lo valiosas que somos. Pero ni lo uno — el empoderamiento — ni la otra — la independencia — se logran de un día a otro, sino que son procesos que más bien llevan tiempo. Procesos largos en los que el éxito sólo se alcanza mediante un proceso largo, una educación adecuada y, en el caso de necesitarlas, recibiendo terapias profesionales con el apoyo de los más allegados. Una cuestión, en definitiva, de solidaridad que, traducida al género femenino, nos permite hablar de solidaridad femenina.

¿Somos solidarias las mujeres?

Y es que muchas de nosotras nos hemos olvidado de algo tan importante como es esa solidaridad que debe existir primero, en general, entre todos los seres humanos; y, más tarde, en particular entre las integrantes de nuestro género, el femenino; nosotras las mujeres. Sin embargo, muchas vemos como enemigas a tantas otras, por mucho que hagamos el examen de conciencia pertinente y sepamos que no habría de ser así. Nos puede parecer mejor o peor, pero lo que nos parezca no cambiará la realidad que vivimos; realidad, no obstante, absolutamente diferente para cada una de las que cada día nos enfrentamos a ella.

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Pero aun así, ¿cómo puede ser que las mujeres seamos tan capaces de unirnos en masa para cumplir ciertos objetivos pero que, sin embargo, seamos tan desleales para con nosotras mismas cuando se trata de ayudarnos las unas a las otras individualmente? Es decir, hemos construido una unión que ha traído la fuerza que nos ha permitido, por ejemplo, comenzar a demostrar — tanto a la sociedad como a nosotras mismas — la capacidad que de sobra tenemos para superarnos profesionalmente — a expensas de que los altos cargos directivos de las empresas siguen siendo en su gran mayoría son hombres —, pero cuando se trata de ayudar a otra mujer siempre hay de por medio un disgusto y una excusa, una crítica negativa, una justificación para no echarnos esa mano que a veces tanta falta nos hace. 

En mi vida me he llegado a encontrar, incluso, con mujeres a las que he visto disfrutar de los momentos negativos que han atravesado otras mujeres, situación de extrema falta de solidaridad (femenina o no) que no presenta sino el más lamentable espectáculo. Recordemos que el tiempo se encarga de poner a cada uno en su lugar o, cuanto menos, que la vida puede llegar a dar las vueltas más inesperadas y, cuando menos los esperas, puedes ser tú quien estés atravesando un momento mucho más amargo que en su momento atravesó aquella persona de la que, en lugar de ayudarla cuanto tuviste la ocasión, te apartaste.

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La solidaridad en el género masculino

En cambio, en mi opinión, lo del género masculino es diferente: ellos pueden sentir envidia, pueden sentir celos… pero no «arman el show», no critican, no inventan; podrán sentirse un poco mal o tristes, pero no se sienten inclinados a hacer el daño del que nosotros a veces somos capaces. Ellos si saben darse la mano cuando corresponde y, nuevamente en mi opinión, es algo que nosotras, las mujeres, el género femenino en sí debe aprender de ese aspecto positivo que nos enseñan los hombres.

Como experiencia personal, he podido descartar a aquellas mujeres que se hacían llamar «amigas» y que en algún momento estuvieron dentro de mi círculo social, pero que con el tiempo me han demostrado no sólo lo poco que aportan, sino que lo poco que aportan es negativo para mi desarrollo personal. Y es por ello que las transportado a un grupo al que yo denomino «de las conocidas».

Soluciones posibles a la falta de solidaridad femenina

Tampoco que sea de rigor tener que pelearse con personas así, pero siempre es bueno en casos como éstos saber tomar distancia así como saber guardar las formas en caso de encontrarte con ellas. Por tanto, andariegas, he aquí mi consejo: cuidaos de esas «amigas» que no valoran lo que la amistad verdaderamente habría de significar: aquellas que no valoran tu tiempo ni que corresponden tu dedicación o interés con los suyos; aquellas que ante tus triunfos, en lugar de un abrazo sincero, te ofrecen una mueca despectiva, aquellas que no honran diariamente a la verdad o que pasan todo el tiempo excusándose, viviendo de cara a la galería con la única intención de quedar bien a los ojos del respetable.

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¿Qué es una amiga solidaria?

Una amiga es una persona que está ahí cuando tú estás triste, cuando necesitas apoyo emocional, cuando necesitas hablar con alguien. Una amiga es una persona que, ante todo, es sincera contigo, una persona compasiva ante tu sufrimiento, una persona que se interesa honestamente cada vez que te llama o te escribe, que muestra un aprecio genuino por ti, que disfruta del tiempo en tu compañía, que se alegra por tus logros, te felicita por ellos y los celebra junto a ti. Eso es una amiga. Y eso es solidaridad femenina.

Aprendamos en este caso algo de los hombres: dejemos de competir entre nosotras, ayudémonos no sólo cuando nos juntemos en masa para protestar contra la igualdad del sistema, sino también a título individual y a título personal cuando haya otra mujer que lo necesite.

Mi último consejo en lo que a solidaridad femenina se refiere

Sencillo: aléjate de personas a las que sabes que no les importas; aléjate de «amigas» tóxicas: aquéllas que pasan inventándose chismes y hablando mal de sus congéneres todo el tiempo, quejándose de cada color de los que el cielo torna… y, por supuesto, cualquier que ose hablar mal de ti. Ese tipo de personas transmiten una energía negativa que, lamentablemente, no sólo se puede sentir sino que, queramos o no, acabamos absorbiéndola por mucho esfuerzo por rechazarla que hagamos al respecto, lo que desembocará en un agudo cansancio físico, mental y emocional..

Por todas estas razones es que tenemos que seguir construyendo el concepto de solidaridad femenina, tan incipiente aún a día de hoy cuando no se trata de juntarnos las mujeres a luchar contras causas de injusticia que de forma endémica atentan contra todas nosotras por igual. Recordemos, pues, que sólo cuando hay verdadera solidaridad es que puede generarse la verdadera amistad. Y recordemos que, en realidad, también podemos ayudarnos siempre entre conocidas. Y a veces, como diría el filósofo, hay que ser el cambio que queremos ver producido en el mundo.

Amigas, conocidas, mujeres: es hora de cambiar la mentalidad y actuar de manera solidaria.

Mª Isabel Cisneros
Mujer, profesional, emprendedora — Visita isbek.ec

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María Isabel Cisneros

Soy una mujer extrovertida, me encanta compartir con mis amigas y con mis familiares. Disfruto tanto salir a comer, ir a bailar, ir al cine, leer, hacer ejercicio y me gusta mucho trabajar. Si quieres convencerme, nada mejor que darme a probar mi postre favorito: delicia de limón.

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