Igualdad

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La igualdad de genero o la no discriminación por razón de sexo es un derecho internacional, que está establecido como principio básico de los derechos fundamentales. Hombres y mujeres deben recibir iguales beneficios, sentencias y respeto. La igualdad es la clave en el Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El conseguir esto ha sido una lucha de las mujeres trabajadoras — a lo largo de poco mas de dos siglos — han ido revolucionando el mundo laboral luchando por la igualdad de genero.  Empezó en lo laboral pero luego se ha ido extendiendo a diferentes ámbitos de la vida del ser humano.

El cambio y progreso en este camino  ha sido enorme: de un simple grito de lucha femenina en busca de igualdad de sueldo a ser parte fundamental de los derechos humanos. Porque antes que mujeres y hombres, somos humanos.

Más de dos siglos luchando por la igualdad en nuestras vidas; y ahora… ¿nos convertimos en opresoras?

Ahora nos encontramos con mujeres poderosas que piden igualdad sólo cuando les conviene. ¿Cómo se sentirían todas esas mujeres que dejaron su vida en el camino a la igualdad?

Por que ellas no iniciaron esta lucha para que ahora abusemos de los derechos y nos creamos dueñas de la razón.

Pensemos que igualdad no es sólo tener un sueldo igualitario.

Igualdad no sólo es poder asumir cargos ejecutivos en una empresa.

Igualdad no sólo es el hecho de tener el derecho a trabajar tranquilas sin que nuestros jefes nos acosen sexualmente.

Igualdad no sólo es tener un porcentaje de participación en las estancias del estado.

Que no se me mal interprete: todo esto es  parte del proceso de igualdad, que tenemos derecho a ello — que eso es inalienable. Pero también tenemos deberes. Para que haya verdadera igualdad, debemos ser consecuentes con nuestros actos.

Igualdad es divorciarnos y dividir todo a la mitad, no despelucar a nuestros «ex» por que al final no llenaron nuestras expectativas.

Igualdad es dejar que tus hijos vean a su padre así tu consideres que es el peor hombre del mundo, que fue el peor marido del mundo o incluso que es el peor padre del mundo, porque a no ser que la ley lo diga de otra manera, tanto él como tus hijos tienen todo el derecho a disfrutar de su relación.

Igualdad es compartir los gastos que generan tus hijos y no dejárselo solo al padre porque así lo dicta nuestra sociedad machista.

Igualdad es que un hombre tenga derecho a denunciar si es maltratado. Y que no sea visto como un chiste.

La lucha por la igualdad, como ha sido mencionado, nació principalmente unida al ámbito profesional. Lo triste es que, en esta nueva etapa de la mujer empoderada, la discriminación laboral muchas veces se da de mujeres a mujeres. Mujeres que olvidan lo que les costo llegar a cargos ejecutivos y, una vez en ellos, no contratarán a otra mujer porque son demasiado flacas, demasiado gordas, demasiado bajitas, demasiado altas, demasiado feas, demasiado bonitas y, la peor de todas, demasiado inteligentes. O sencillamente porque es negra o es indígena.

Y cuando las contratan, se siguen sintiendo poderosas a la hora de tratar a sus iguales como la peor escoria del universo.

Si nosotras mismas no nos apoyamos, ¿cómo podemos pedir que no nos discriminen? ¿Cómo podemos pedir igualdad para nosotras y no ejercerlas hacia los demás?

Y es que hemos perdido un poco el horizonte con el que nació este pedido de igualdad de derechos. Porque aún nos dejamos llevar por estereotipos arcaicos sobre las obligaciones de hombres y mujeres.

El ser mujeres no nos hace débiles y el ser hombres no los hace fuertes. El ser mujer no significa que eres la única con capacidad para cuidar mejor a tus hijos y el ser hombre no significa que eres el único con la capacidad de mantener a la familia. Somos seres humanos y todos tenemos las capacidades suficientes para afrontar roles diversos en nuestras vidas. Todos cometemos errores y debemos tener el derecho a enmendarnos.

Recordemos que, más que hombre y mujeres, somos seres humanos. Todos iguales, con los mismos deberes y derechos. Porque mis derechos terminan donde empiezan los de los demás. Porque los seres humanos debemos respetarnos por igual. Porque la igualdad no debe regirse por leyes impuestas, sino por el respeto, el amor y la consideración a todos los seres humanos, sin importar el género al que se sientan pertenecer, la inclinación de sus tendencias sexuales, su edad, nacionalidad, condición socioeconómica, etnia o color de la piel.

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Món Mont

Món Mont

Guayaca apasionada de los viajes, capaz de encontrar la posibilidad de perderme en ruta, ya sea realmente viajando por inescrutables caminos o con la más completa inmersión en uno de los muchos libros con los que alimento la llama eterna de mi creatividad y que me han convertido en una lectora que escribe. Filántropa irremediable, lo único que prefiero a una buena conversación, es una buena conversación en una mesa en la que, además, se siente la mejor gastronomía.

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