¿El feminismo ha cambiado al mundo?

Éste es un artículo sobre feminismo, esto es, un artículo feminista, sobre la lucha por los derechos de la mujer. Lo diré una vez más para que lo procesen con calma: feminismo. Seguro que a muchos se les puso la piel de gallina al leerlo, ¿verdad? Ante la prospectiva de leer algún artículo de los llamados «feminazis», muchos arrugan el rostro. Esta piel de gallina que habrá surgido en algunos por temor, en otros por fastidio e incluso en otros por el entusiasmo de escuchar una «voz radicalmente femenina», sea lo que sea que signifique eso. Estamos en la era del empoderamiento femenino y el feminismo ya no se mira con desdén sino con atención… y con recelo, claro está, porque los planteamientos del feminismo contradicen formas de vida — o, mejor dicho, formas de organizar la vida — que se han perpetuado por siglos.

Pero ya las diversas ideologías feministas no pertenecen sólo a los libros que las vieron nacer, sino que con la evolución de la sociedad también ha evolucionado la lucha de la mujer por sus derechos; nuestra lucha.

Y ahora las feministas han llevado su lucha al día a día, buscando cambiar los vestigios que quedan de esas formas de vida — o de esas formas de organizarla — anquilosadas. La evolución de la lucha de las mujeres por la igualdad es lo que vamos a explorar en este artículo, lo que podríamos decir que lo convierte en un artículo feminista.

Pero no se creen falsas expectativas: es un artículo feminista, sí, pero sin ninguna violencia de género — del género que sea al que sea. Más bien vamos a explorar estos aspectos con toda objetividad posible en un intento por entender el estado actual de nuestra lucha y celebrar las victorias que hemos conseguido.

El inicio de la lucha por los derechos de la mujer

Las reflexiones sobre la condición de la mujer en sociedad se han dado desde hace milenios, pudiendo rastrearse hasta la Antigua Grecia.

De hecho, en la llamada «cuna de la democracia», el trato era tan desigual hacia la mujer como lo era, por ejemplo, hacia los esclavos o los «bárbaros» (esto es, los ±extranjeros» de aquella Antigua Grecia); esto era así hasta el punto que, de hecho, la mujer griega nunca tuvo la posibilidad de participar, precisamente, en esa «democracia» de la que tanto se jactaban los helenos de aquel entonces.

Un trato que, aunque amortiguado, parece no haber desaparecido de Grecia tras más de 2.000 años. Te recomendamos este artículo si quieres saber sobre la desigualdad de las mujeres en la Grecia Clásica. Pero no perdamos el norte, las reflexiones de corte feminista comienzan su existencia desde casi el mismo momento en el que comienza la existencia de la escritura.

Sea eso dicho, el verdadero movimiento feminista — acompañado, por supuesto, de su necesaria literatura feminista — apenas empezó a manifestarse con verdadera fuerza hace 300 años y no se llegó a estructurar realmente sino desde hace apenas un siglo.

No obstante, ya en la Edad Media podemos encontrar pruebas de acciones feministas. Quizá la acción feminista más concreta fue la que hacia finales del siglo XIII protagonizó Guillermine de Bohemia cuando quiso fundar una iglesia sólo de mujeres. Tras ello, hacia el siglo XVII, comenzaron a surgir los primero textos en los que se defendía la igualdad plena de derechos entre hombres y mujeres. Pero eran ideas que, por obvio, se desdeñaron con facilidad y sobre las que no muchos se detuvieron ni tan siquiera a reflexionar.

A finales del siglo XVII, el término feminismo — derivado del latín «femina» (mujer) y el sufijo «ismo» (ideología, pensamiento) — se usa por primera vez. Pero no con el sentido actual, sino como una referencia a la condición femenina con las connotaciones más negativas.

En esa misma época, Olimpia de Gouges escribió la «Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana», un tratado verdaderamente revolucionario. Y Mary Wollstonecraft escribió la «Vindicación de los Derechos de la Mujer», tratado que exigía la igualdad de derechos. Son estos los primeros textos «modernos» que establecen, a partir de reflexiones profundas, el derecho a la igualdad de la mujer.

La evolución del feminismo y su desarrollo

Contrario a lo que muchos creen, el feminismo no surgió como una oleada de reacciones aisladas. De hecho, el feminismo es un movimiento, como hemos visto, estructurado a lo largo de ciento (si no de miles) de años y a consecuencia de diversas acciones tanto individuales como colectivas.

En principio, el feminismo es un movimiento de carácter social, pero con alcances profundos que llegan a considerar aspectos políticos, económicos y culturales. Es absurdo no tomar en cuenta que el feminismo no se basa en ningún tipo de corazonada ni en percepciones aisladas. Es realmente el resultado de siglos de opresión sistemática por parte de la cultura androcrática, heterocrática y patriarcal que ha inspirado siempre en un amplio sector del género femenino a rebelarse. Todos esos años de desigualdad generaron cada vez más reflexiones que, finalmente, conformaron los fundamentos teóricos, prácticos y experimentales de esta corriente.

El movimiento feminista a día de hoy

La corriente feminista de hoy tiene fuertes raíces en la Francia del siglo XVIII, donde, por así decirlo, este movimiento vivió su infancia. Pero su crecimiento se dio mayoritariamente durante el siglo XX en los Estados Unidos de América, donde ya tomó otras dimensiones — mientras que en Latinoamérica no empezó a hacer ruido sino hasta los años 70.

Y es que el feminismo libra una guerra con frentes en todo el mundo. Así que para establecer una cronología de la evolución del feminismo haría falta saltar de una región a otra constantemente.

Sin embargo, y aunque no existe una «capital geográfica del feminismo», es una ideología que se ha organizado de la manera más efectiva, por ejemplo, con la estructuración de ligas femeninas entre finales del siglo XIX y principios del XX, con las que se determinaron muchos aspectos del feminismo. Principalmente se logró visualizar las luchas pasadas y puntualizar objetivos comunes. Así fue que se consiguió planificar acciones en conjunto que tuviesen un mayor impacto tanto dentro propiamente del colectivo femenino como dentro de la sociedad en general.

Las oleadas feministas de los tiempos modernos

Hoy en día comprendemos al feminismo más como un proceso que como un suceso, aunque visto lo que acabamos de explicar, no siempre fue así. Así, el feminismo, en tanto que proceso, requiere del cumplimiento de diversas metas parciales para poder alcanzar su objetivo total.

Con cada ola de feminismo se actualizan los objetivos de la lucha por los derechos de la mujer y se generan nuevas reflexiones y estrategias. Se considera que las primeras olas feministas tuvieron lugar hacia el final del Renacimiento y durante la Ilustración, especialmente en Francia. Y es que, en su momento, no sólo se trataba de un movimiento de reflexiones filosóficas acerca de la condición femenina, sino acerca de la condición humana en general.

Era inevitable — sea como fuere y lo piense quien lo piense — que en algún momento (histórico) surgirían planteamientos acerca del rol de la mujer en la sociedad. Estos primeros intentos de visualizar a la mujer como un igual al hombre constituyen las bases de la lucha actual de la mujer por sus derechos.

La siguiente ola del feminismo tuvo lugar mucho más tarde, a finales del siglo XIX, cuando luchas que venían dándose por separado durante años se conjuntaron. En este momento histórico, el objetivo central era conseguir el sufragio femenino y la lucha concluyó con esa victoria.

La tercera ola feminista se calcula que empezó en los años 60 del siglo XX. Fue el momento cumbre del movimiento, entre otras cosas porque las formas sociales estaban definidas por los discursos machistas de la publicidad… pero también fue la publicidad la que ayudó al feminismo a crecer, a avanzar ya ganar posiciones dentro de una sociedad tan machista como la de la mitad del siglo XX. Esta oleada buscó la defensa del derecho de la mujer a tener opiniones propias y a decidir sobre su sexualidad.

La cuarta ola feminista — aunque algunos consideran que es una continuación de la tercera — surgió en los años 90 del siglo XX. Y es ésa la ola que aún estamos surfeando. Esta vez – quizás como lo ha sido siempre — el objetivo principal de la lucha de las mujeres es conseguir la igualdad definitiva.

2018: el renacimiento de la batalla feminista

El DRAE define al feminismo como una ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Sencillo, ¿verdad? Una sola línea con palabras simples y comprensibles para cualquier lector. Y hay que hacer hincapié en esto: el feminismo exige los mismo derechos para todos los humanos. No más derechos, no privilegios extra, no ventajas por nuestra condición de féminas; se piden los mismos derechos. Éste ha sido el centro del discurso desde el principio, el eje central de batalla. Y se mantienen como tales cientos — o incluso miles — de años después.

Pero en el siglo XXI, la era de la inmediatez y de la información, toda la sociedad ha cambiado — y el feminismo con ella. Aunque el objetivo es el mismo, las estrategias ahora se basan en la hacer visibles las injusticias y en mostrar la desigualdad que sigue existiendo. Éste es un objetivo relativamente sencillo si se considera el potencial de Internet. Pero no tiene oportunidad de éxito sin perseverancia o trabajo en equipo. Las redes sociales han demostrado ser esenciales como plataforma de difusión, a través de las cuales se puede «visibilizar a las invisibles».

Está demostrado al punto de que Twitter protagonizó el inicio de grandes movimientos feministas como #MeToo, que dio paso al «Time’s Up». Éstos fueron puntos de quiebre que hicieron del 2018 un año de referencia para la historia del feminismo.

Las redes sociales — como no podía ser de otra manera — también han visibilizado opiniones contrarias al feminismo. Ahora tienen voz muchos que consideran que la lucha de las mujeres por sus derechos no representa nada salvo un escandaloso escándalo, facilitándose con ellas la frivolización de las acciones feministas. Pero no se trata de tomarse de los pelos con cada comentario absurdo u ofensivo: las opiniones son opiniones y, como diría el gran Clint Eastwood: opiniones, como traseros, todos tenemos los nuestros… y todos pensamos que los nuestros huelen mejor que ninguno… cuando en realidad todos huelen a mierda. Esto es, que lo bueno de las opiniones es que todas (y todos) tenemos — o deberíamos tener — el derecho a la libertad de expresarlas… así como los demás tienen — o deberían tener — la libertad de ignorarlas del todo.

Feminismo: pasos dados y metas cumplidas

Todos estos siglos de batallas no han sido vanos. Los logros se deben celebrar y nosotras tenemos motivos. En muchos aspectos, hemos alcanzado victorias que una mujer medieval, por obvio, no podría ni soñar.

Desde una perspectiva social, ahora tenemos posibilidad de independencia económica, de tener un empleo; incluso participamos — ahora sí — de la democracia y, por supuesto, podemos tener participación como personaje político; contamos con oportunidades (aunque limitadas) de tener cargos de poder y realizarnos profesionalmente; nuestras voces son escuchadas porque somos parte de la prensa, lo que nos permite hablar con libertad y manifestar nuestras opiniones; tenemos un espacio entre los intelectuales porque, de hecho, ahora la crítica feminista se ha institucionalizado como una metodología investigadora; hacemos nuestro propio arte a través del cine, de la pintura, la literatura y las artes plásticas. ¡Incluso hemos logrado que el cine haga películas de superheroínas! Tenemos a la Mujer Maravilla y a la Capitana Marvel — quien, además, es interpretada por una actriz que es feminista activa.

Todas éstas son metas que honran a las que lucharon hace décadas e incluso siglos. Son espacios que no existían para nosotras entonces, pero que hemos abierto a costa sudor, lágrimas y, lastimosamente, incluso sangre en muchos casos — y que ya nos pertenecen por derecho. Lograr un cambio en la sociedad toma tiempo, así que nadie puede decir que no es que hayamos estado haciendo nada salvo un trabajo bien efectivo.

Sin embargo, estos logros no son una realidad en todo el mundo, claro está. Aún en 2019, multitud de comportamientos machistas, heteropatriarcales, heterocráticos y androcráticos se dan a lo largo y ancho del mundo. Realidades tan absurdas como dolorosas que son el combustible de nuestra lucha actual. Tengamos nuestras victorias en mente, pero nunca dejemos que éstas opaquen los objetivos que faltan por alcanzar. La noche es joven y la batalla es larga. Hemos conseguido muchos trofeos, sí, pero es nuestro deber usar esos trofeos para luchar por las mujeres que aun están oprimidas. Es la única forma de honrar a las que ya lucharon por nosotras.

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