Oficialización del Día de Todos los Santos

Hace hoy 1183 años del día en el que el papa Gregorio IV oficializó el 1 de noviembre como Día de Todos los Santos. Corría el año 835 y Ludovico — también conocido como Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno — ostentaba el trono del Imperio de Occidente como rey de los francos que había heredado de s padre.

Gregorio IV proclamó fiesta cristiana el 1 de noviembre porque era ya de por sí un día festivo para muchos de los pueblos germanos cuyas festividades la Iglesia Católica se esmeraba en erradicar sistemáticamente debido a que, por supuesto, las consideraba paganas…

El día de Todos los Santos se celebraba ya antes de ser oficial

No obstante, el día de Todos los Santos, sin ser oficial, ya era ampliamente celebrado por la cristiandad. El nacimiento de esta celebración se debe a la conmemoración que los cristianos comenzaron a hacer de todos los mártires provocados por aquella a la que se le llamó la Gran Persecución.

La Gran Persecución fue la persecución que Diocleciano, emperador romano, llevo a cabo en los albores del siglo IV, cuando decidió hacer perseguir, torturar y decapitar a los cristianos residentes en el Imperio Romano.

Y aunque la tradición decía que al mártir había que celebrarlo por ser tal en la fecha de su martirio — que acababa siendo también la fecha de su muerte para que el mártir llegara a ser tal —, fueron tantos los mártires producto de la Gran Persecución de Diocleciano que se hizo imposible separar las fechas en las que había que celebrar a unos y a otros, por lo que se decidió que existiera un día en el que poder celebrarlos a todos.

¿Qué es un santo en el Día de Todos los Santos?

Cómo se llega del celebrar de los mártires a la celebración del Día de Todos los Santos es, sin embargo, algo que puede quedar sólo a la sapiencia de los semiólogos del cristianismo. Semiólogos como el señor Peeter Kreeft, que define así a un santo:

Los santos no son gente rara ni excepcional, son el modelo estándar operativo para los seres humanos. […] Todos los hombres, mujeres y niños, nacidos o no nacidos, feos o bonitos, heterosexuales u homosexuales, son santos, porque reflejan la imagen de Dios.

Peter Kreeft

Profesor de filosofía, Ph. D., Boston College

Halloween… ¿una fiesta cristiana?

Obviamente no… del todo. El 31 de octubre, en el mundo cristiano, se celebra la Víspera del Día de Todos los Santos, mientras que en el mundo pagano se celebra Halloween.

Halloween, por si todavía te queda alguna duda, es una fiesta derivada de la celebración celta conocida como Samhain. Samhain significa «final del verano» y lo que los celtas conmemoraban con ella era el «final de la cosecha». De este modo, los celtas agradecían por las cosechas de ese año, pedían cosechas abundantes para el siguiente y se preparaban para almacenar lo cosechado de manera que pudieran subsistir a los pormenores del invierno. Tanto así que, de hecho, el Samhain — esto es, el final del verano — implicaba para los celtas el final del año y el comienzo del año nuevo.

¿Sacrificios humanos en Samhain?

Sí, había sacrificios; pero no se sacrificaban ni niños ni doncellas vírgenes. Teniendo en cuenta que hablamos de tiempos en los que la esperanza de vida era nula… ¿qué sentido tendría que los druidas celtas se pasearan de casa en casa pidiendo niños y adolescentes vírgenes que sacrificar?  Se sacrificaban animales cuyos pelo, piel, grasa, sangre, músculos y huesos eran usados — al igual que por los cristianos de todo el mundo — para hacer lo que se hace con animales sacrificados: comer, vestir, construir herramientas, etcétera, etcétera. Con Samhain, además del tiempo de las cosechas, se daba inicio al decaimiento de la duración de los días y al incremento de la duración de las noches, a la llegada de los fríos. En un tiempo en el que ni la luz eléctrica ni la calefacción central estaban aún inventadas, era normal pensar que la noche… «era oscura y llena de terrores».

The night is dark and full of terrors

Y en este cambio cósmico los celtas veían algo de cambio cosmológico al igual que los cristianos — como tantas otras religiones — han sabido ver religiosidad en fenómenos que no son sino simples evoluciones astronómicas (si queréis que os explique esto vais a tener que darme tiempo a escribir otro artículo). Y a este cambio cosmológico los celtas le atribuían  la posibilidad de que los espíritus de los muertos volvían a visitar el mundo de los mortales. Pero todo estaba controlado: los celtas encendían grandes hogueras y con ellas ya quedaban ahuyentados los malos espíritus y se les abría la puerta a los buenos.

Entonces, ¿Halloween no es una fiesta cristiana?

Entendida como celebración pagana, desde luego que no. Ahora bien, si atendemos a su etimología…

«Halloween» es el apócope escocés de la expresión inglesa «Allhallow-even», que, en pocas palabras, acaba siendo «All Hallows’ Eve», esto es, el nombre que antiguamente se le daba en inglés a la Víspera del Día de Todos los Santos. Es decir, al día 31 de octubre de cada año que, por una cuestión estacional, coincidía con el final del verano celta, su época del fin de la cosecha: el Sanhaim.

Así pues, la que no pueda ver ahí una clara relación entre lo que se considera sagrado por parte de la cristiandad y lo que por ella misma se considera pagano es que no ha estado prestando mucha atención. Pero hay más.

¿Qué es el triduo de Todos los Santos en la tradición cristiana?

El triduo o Tiempo de Todos los Santos es el período de tres días (31 de octubre, 1 de noviembre y 2 de noviembre) en el que los cristianos occidentales celebran, respectivamente, la Víspera de Todos los Santos, el Día de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos.

En el mundo anglosajón, este triduo es conocido como Allhallowtide, Hallowtide o Allsaintstide. Quien tampoco sea capaz de ver la relación que mejor se haga revisar la vista. Este triduo en dicha tradición (cristiana y occidental) supone la época perfecta para recordar a los finados, lo que incluye mártires, incluye santos e incluye a todos los difuntos que demostraron de una forma u otra fidelidad a su fe (fe cristiana, por supuesto).

El triduo de Todos los Santos acaba con el Día de los Fieles Difuntos

El Día de los Fieles Difuntos, Día de los Muertos o Día de las Ánimas es el tercer día del triduo de Todos los Santos. Después de la Víspera del Día de Todos los Santos llega el Día de Todos los Santos y, tras él, una ocasión única para traer el más allá un poco más acá, olvidarse de todos los grandes mártires canonizados, beatificados y santificados por la fe cristiana y acordarnos de nuestros fallecidos más cercanos. El 2 de noviembre es un día para orar por nuestros allegados que ocupan un lugar en nuestro recuerdo y que, lamentablemente, no lo hacen en este mundo terreno en el que nosotros aún operamos. Es día de misas de réquiem y de oraciones por las almas de los que ya no están entre nosotros.

Sobre todo de las almas que aún tratan de purificarse en el Purgatorio, que no hallaron el camino al paraíso pues éste les fue bloqueado — aparentemente — por cualesquiera fueran sus maldades en vida. Es decir, que desde una perspectiva más cristiana — y, supongo, menos pagana — el Día de los Difuntos es el día en el que los cristianos velan principalmente por aquellas ánimas que en su momento fueron de un modo u otro malvadas y que, por ello, no han encontrado aún su reposo, sino que se encuentran encalladas en el Purgatorio.

Conclusiones sobre el Día de Todos los Santos

Qué diferencias — salvo las circunstanciales — hay con lo que el druidismo celta practicaba en la celebración del Samhain? Espíritus buenos, espíritus malos, almas vagando por la tierra o enquistadas en un lugar en el que sufren sin poder conseguir la  la «Visión Beatífica» que sí alcanzan los que, de haber sido buenos, van al supuesto Paraíso… Miremos donde miremos, la historia de la raza humana se toca en demasiados puntos a lo largo de su espectro.

Y cuando se trata de muertos, los ritos son numerosos, las razones parecidas y los orígenes casi los mismos. — DK.