En el último de los conciertos a los que fui noté que a veces hacemos cosas sin sentido en esas dos horas de nuestras vidas que pasamos escuchando a un músico (o a unos pocos) en directo y, la verdad, creo que no debes detenerte a pensarlo mucho porque, si no, simplemente pierde la magia. Así que — como buena Andariega — simplemente déjate llevar y disfruta del momento.

Éstas son cinco cosas que seguro has hecho, por tonta que sepas que son, al momento de disfrutar de tus conciertos. Y si no lo has hecho… bueno, quizás sea hora de que te plantees si realmente has disfrutado de esos conciertos a los que has asistido — o plantéatelo para el siguiente al que asistirás y así ya nos cuentas tu aventura.

Regla para conciertos #1: Hay que estudiarse las letras…

La mayoría de las veces que algún solista o alguna banda se sumerge en el arduo camino de irse de gira (fans, fiestas, viajes… ¿quién carámbanos querría algo así ¿verdad?) es más probablemente por que está promocionando su último disco. Así, tan pronto compres tu entrada para tus próximos conciertos, no olvides estudiarte las canciones del último disco. Esto es, a todas luces, indispensable.

Y es que bien sabes, Andariega, que sólo hay un modo de vencer a la ley de Murphy en estas ocasiones. Aquella ley que dice que no importa cuán bien te conozcas cada una de las canciones del artista al que vas a ver en directo, lo más probable es que cante las únicas que no te sepas. ¿La única forma de solucionarlo? Estudio. Puede que la banda tenga 150 discos, pero con tal de que no te sepas uno, ya sabes las canciones que se sentirán más proclives a tocar…

Regla para conciertos #2: ¡Ir adecuadamente brandeado!

Llega horas antes al concierto. No importa que tus entradas sean numeradas. No se trata tanto de demostrar tu fanatismo (de eso ya habrá tiempo después) como de branderarte. Deberías llegar con la camiseta, cuanto menos, puesta. Ni te vas a cambiar enfrente del estadio ni en los baños de centro comercial de turno. Procura comprar una camiseta algún día antes y llévatela puesta. Una vez llegues a las inmediaciones del recinto en el que se va a celebrar el concierto, lo primero que debes hacer es comprarte todos los absurdos juguetes y toda la memorabilia que encuentres de la banda en cuestión: el cintillo y la pulsera, la gorra y los calzones, todo lo que lleve el logo de la banda a punto de saltar al escenario.

Y, una vez más, los juguetes: el poncho por si llueve, la miniatura de perrito que mueve la cabeza porque es gracioso y te va a recordar siempre a este momento tan especial en tu vida — aunque al día siguiente muera por decapitación y lo tires todo a la basura —, las gafas ridículas con forma de corazón o estrella y, por supuesto, lo que todas tenemos claro que no puede faltar en un concierto es… el collar de neón. Recuérdalo, Andariega: es la única forma de que el músico, cantante, vocalista o líder te reconozca, con nombre, apellido y número de identificación. Te puedes olvidar hasta del cerebro en casa, pero, por favor, recuerda comprar tu collar de neón.

Regla para conciertos #3: ¡Gritar a todo pulmón!

Vamos a suponer que vas bien uniformada y que has batido, de lejos, la ley de Murphy estudiándote hasta las actuaciones en directo, las rarezas y los bootlegs de tu artista favorito. Hasta esa grabación pirata que el botones de un hotel le robó mientras se duchaba (el cantante, no el botones). Genial. Armada hasta los dientes con ropa ridícula estampada con el nombre del grupo al que has ido a ver por todas partes y en brillantina — aunque tu banda favorita sea de death metal, su nombre debería resaltar en brillantina. Pues bien, ya lo decía Jarabe de Palo:

¡GRITA!

Que no, que no. Que no cantes. No entones. No desentones. Simplemente grita. Acertar las notas no es lo que se hace en conciertos. Quizás en el coro de tu parroquia o en el karaoke de tu calleja de farra favorita.

¡GRITA MÁS!

Apenas se te está escuchando. Quiero decir, quién va a tener más voz: tú o las otras 3.000 fans cantándoles a su cantante favorito?

¡GRITA!

No importa si quedas afónica durante una semana; son cicatrices de ésas que, en la vida, se lucen con orgullo.

¿Has gritado lo suficiente? No si aún me puedes responder a la pregunta. Grita hasta que te duela la cabeza lo suficiente para no querer responder preguntas, de hecho. Eres una fan de verdad o te dejas ganar por «otras» 3.000 fans?

¡GRITA!

¿No puedes oír tus canciones favoritas debajo de tus propios gritos? ¿Y qué? Acaso una va a conciertos a escuchar música o a proclamar su fanatismo? Mueve los brazos, baila, salte del pellejo y ten cuantas experiencias astrales se te antoje, pero…

¡GRITA!

¿Y luego?

Regla para conciertos #4: ¡Gritar un poco más!

Cuando el vocalista salga y salude a tu ciudad o país, ¡GRITA COMO SI FUERA A SER EL ÚLTIMO CON EL QUE PODER DEMOSTRAR TU FANATISMO! Aunque de hecho probablemente sea el primero. Pero no importa. Si necesitas ayuda con esto, imagina cómo gritarías con la indignación de que el grupo saliera sólo a decir eso… ¡y se fueran a casa! ¿Es que no has visto el precio de la entrada?

En cualquier silencio de cualquier clase, GRITA, aun si es en plena mitad de otro grito provocado por un verso mal colocado (en conciertos, en realidad, no hay tal cosa como un «verso mal colocado» si se GRITA lo suficientemente fuerte o se prolonga lo suficiente durante el suficiente tiempo.

Celebra cualquier cambio de vestuario de los artistas (o de instrumento, para el caso), dejándote las cuerdas vocales en el intento de demostrar tu indecible euforia.

Has gritado como si fuera a ser el último grito de tu vida cuando ha dicho el nombre de tu ciudad o país… Imagínate cómo tendrás que hacerlo cuando saque la bandera. Recuerda: GRITA.

Cada vez que haya un sonido parecido a algo que te pudiera recordar a algo parecido al principio de un canción que te pudiera parecer que quizás fuera de las que conoces… Y si no la conoces, también. Tú sólo GRITA conforme cada canción que empieza fuera exactamente la que sabías que justo en ese momento iban a tocar.

Y, por supuesto, cuando el éxito más erosionado de todos ellos — pista: suele coincidir con la última canción de los conciertos — a través de sus cien trillones de reproducciones en Spotify y Youtube comience a sonar… por amor de Dios: GRITA.

Regla para conciertos #5: Acosar debidamente al artista de turno

Por fin nos llegó el turno de comportarnos como albañiles en celo. La hora de la venganza de los cientos de miles de piropos que las mujeres hemos tenido que soportar provenientes de lo alto de un andamio. Por fin se invierte la balanza, por cientos de dólares y durante sólo un ratito. Pero qué bien sienta 🙂 La grada se convierte en andamio y nosotras en albañil:

Empiezan dos voces:

— ¡Guapo!

— ¡Hazme un hijo!

Y dice una tercera:

— ¡Y a mí un equipo de fútbol!

— ¡Tío bueno! — suena otra desde la esquina opuesta.

Y acompaña otra, enervada:

— ¡Te comía hasta los pelos!

Comienzan los paralelismos populares:

— ¡Salao!

— ¡Como calzón de marinero!

Y canta una:

— ¡Pirata!

Seguida por otra:

— ¡No por el oro ni la plata…

Para que culmine una tercera:

— …sino por lo que traes entre pata y pata!

Seguro que se me pasó algo, ¿no, chicas? Contadle a Dana, Andariegas. ¿Cuáles son esas cosas absurdas que habéis hecho de concierto que se me han pasado por completo? Vamos, amigas, demostremos que, cuando se trata de probar ese fanatismo surrealista por el cantante guapito de turno, no hay quien nos gane… 

DK.