Llevo años buscando la felicidad, en personas, en cosas, en lugares, en comidas… He trabajado como loca varios meses, pues según yo, si gano suficiente podré estar un poco más tranquila y por ende tener felicidad.

Así que cierto día debido al cansancio acumulado de más de 6 meses trabajando sin parar, decido ir a descansar a la playa, sola. Tengo un poco de suerte, pues vivo a una hora de una playa muy hermosa, Villamil Playas, que se presta para mi cometido, descansar, siempre que no decidas ir en fin de semana o feriado.

 

Me desperté a las 6am para empezar mi día de descanso, hacia las 9h30 am ya estaba sentada debajo de un parasol mirando el mar. Me llevé mis mejores compañeros, mi libro electrónico, pues estoy enganchada con la serie Muchachas de Ketherin Pacol y por supuesto mi inseparable cámara de fotos, no soy una profesional tomando fotos, pero me encanta llevarme recuerdo de todo, a veces donde creemos que no habrá un momento especial allí termina habiendo uno.

 

Sin más empecé mi lectura y me sumergí en la historia de las Muchachas durante varias horas hasta que la pansa empezó a recordarme que no había desayunado y que ya era de hora de comer. Eran aproximadamente las 12h30pm. Así que puse en marcha lo que me había recomendado Daniel, el chico que me alquilo el parasol, quien me dijo que el local de comidas que quedaba detrás de donde estaba ubicada, justo frente del centro comercial era de él y que podía llevarme la comida a mi rincón  en la playa, me levante y le hice un par de señas, el llego raudo y veloz, ya se las olía pues vino directo con la carta en la mano.

Me pedí un filete de pescado, que tardó uno 20 minutos en llegar, pero al verlo debo decir que valió la pena la espera. Me senté en la perezosa y puse el plato sobre mi regazo y me lo quedé viendo, en ese momento sentí felicidad absoluta.

 

No se confundan, a ver, qué si soy una comelona de primera, pero no era solo la comida era el conjunto de cosas. Ahí estaba yo, sola en la playa, disfrutando de mi soledad, de mi libro, del mar, de la arena y para completar había llegado este delicioso filete. Eso hizo que mi cerebro empezara a segregar endorfinas a millón, porque por mi cuerpo corrió una sensación de eufórica felicidad, sonreía sola, le sonreía al mar, a la vida, a mí misma.

 

Comí cada bocado saboreando esa felicidad, disfrutando al máximo el momento, quería que ese recuerdo perdurara en mí, así que iba memorizando cada segundo de este placentero momento.

Termine de comer y me tome una cerveza heladita como Dios manda y me recosté. Pensé que para ese momento se me pasaría el efecto endorfínico que acababa de pasar, pero no fue así seguía sonriendo.

Así que cerré mis ojos dispuesta a paladear la felicidad. Y empecé a disfrutar de cada detalle de mi alrededor, como ese dulce aroma salado del mar con un toque de marisco que irrumpe en tus fosas nasales y se adentra hasta el cerebro, y que a esa hora era complementado con la brisa del mar, pequeñas chispitas de agua salada cayendo en todo mi cuerpo, que eran como pequeñas agujas de acupuntura, que cada vez que tocaban mi piel me relajaban más y me llenaban aún más de felicidad, mientras tanto mis pies rozaban los pequeños gránulos de arena que me hacían recordar que estaba despierta, que no era un sueño.

El resto de la tarde lo pase entre lectura y lectura, teniendo momentos como este de disfrutar el entorno que me daba la playa.

aderamente disfruté, por primera vez fui verdaderamente feliz. Y no necesité que todo fuera un paraíso, ni necesite estar acompañada, ni que alguien me dijera que me quería, o mucho dinero pues mi gasto ese día fue mínimo.

Conclusión, no necesitamos de nada, ni de nadie para ser felices, la felicidad esta en nosotros y la conseguimos cuando decidimos no dejar que ningún factor externo o interno nos agobie, cuando decidimos que es el momento de disfrutar de nosotros mismos.

Siempre he escuchado hablar de hacer cosas para encontrarse con uno mismo, pues si eso existe lo que yo viví ese día, creo que es ese encuentro contigo mismo.

Hacia la cinco de la tarde recogí, con mucha pena de irme, mis cosas y me encamine a la estación de bus para regresar a casa, pensé que hasta ahí llegaría mi nueva adquirida felicidad, pero no fue así. Y como cereza del pastel, el arco iris decidió salir a escena sobre la basta vegetación que cubre el recorrido de regreso a Guayaquil. La sensación me duro hasta llegar a casa, esa noche dormí con una sonrisa en los labios.

¿Muy idílico no?

Pero… ¿porque se los cuento?

Porque ese día entendí que la felicidad está en nosotros. Ese día no había nada extraordinario más que lo mismo de siempre cuando vas a la playa, pero ese día yo estaba dispuesta mentalmente a disfrutarlo, estaba tan necesitada de un descanso que desde que me desperté me mentalicé que sería un día increíble.

Y así fue porque yo lo decidí así, porque la parte que no les conté fue que al llegar a la playa para empezar el bus me dejo muy lejos del lugar donde pretendía quedarme, así que me toco caminar unos 20 minutos, luego al querer alquilar un parasol me quisieron estafar, al estar cerca los días de carnaval querían cobrar el doble de lo acostumbrado, luego me acoso un vendedor por media hora para que me tomara una foto con él, eso aún no lo llego a entender. De regreso, el bus que tomé casi al llegar a Guayaquil, se llenó tanto que para bajarme tuve que hacer maniobras de gimnasia olímpica, recibí muchos empujones y pisotones.

Pero nada de eso irrumpió en el deseo que me había mentalizado, de que iba a descansar y pasármelo bien, nada de eso elimino mi felicidad adquirida en mí propósito y es que verdaderamente disfruté, por primera vez fui verdaderamente feliz. Y no necesité que todo fuera un paraíso, ni necesite estar acompañada, ni que alguien me dijera que me quería, o mucho dinero pues mi gasto ese día fue mínimo.

Conclusión, no necesitamos de nada, ni de nadie para ser felices, la felicidad esta en nosotros y la conseguimos cuando decidimos no dejar que ningún factor externo o interno nos agobie, cuando decidimos que es el momento de disfrutar de nosotros mismos.

Siempre he escuchado hablar de hacer cosas para encontrarse con uno mismo, pues si eso existe lo que yo viví ese día, creo que es ese encuentro contigo mismo.